miércoles, 25 de octubre de 2017

¿Puede ser el e-learning un agente de cambio social? (visión personal)


Desde los ya lejanos tiempos de la Segunda Revolución Industrial se ha venido produciendo un avance en las ciencias que, si bien fue lineal en sus orígenes, ha ido modificando su curva de desarrollo hasta presentar un perfil de evolución claramente logarítmico, que, aunque fuese en aplicación del animus jocandi, ya fue anticipado por cierta famosa zarzuela (hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad).

Esto en principio podría parecer un elemento positivo que favoreciese y facilitase la aplicación de la pedagogía a una mayor escala y con un mayor alcance de lo que ha tenido nunca, y, si bien en términos generales ha sido así durante todo el siglo XX, cabría preguntarse si esta evolución de los medios y las técnicas ha tenido su reflejo en una evolución pareja de las sociedades humanas.

Las nuevas tecnologías, que ya se aplican al e-learning con notable éxito en los países más desarrollados, podrían poner al alcance de los más necesitados (tanto en países del tercer mundo como en zonas marginales y grupos desfavorecidos de países industrializados) el acceso a un aprendizaje de calidad que hoy en día resulta inalcanzable en la gran mayoría de casos.

Sin embargo, en la mayoría de ocasiones existe una brecha digital que dificulta enormemente el salto, que puede ser amplísimo pues se pretende emplear el e-learning en poblaciones que no es que sean digitalmente analfabetas, es que son analfabetas en todas las acepciones del término, y hay que admitir que aún pese a las innumerables ventajas del e-learning  existen múltiples inconvenientes que dificultan en gran medida su implementación en según que zona.

En primer lugar, puede señalarse que al igual que no tendría ningún sentido la publicación de un libro que pretendiese enseñar las bases de la lectura, resulta inviable el pretender aplicar el e-learning a poblaciones con poca o ninguna cultura digital, ya que el primer paso para poder aprovechar el e-learning es proveer una adecuada familiarización con las técnicas y artefactos modernos, y esto ha de hacerse como paso previo a cualquier otro aprendizaje, por lo que supondría una especie de "aprendizaje metafísico".

En segundo lugar, los requisitos en cuestión de infraestructura que requiere una adecuada plataforma de e-learning no existen en muchos de los lugares en los que más se necesitaría. Algo tan simple como una toma de corriente eléctrica normalizada y acceso a internet a una velocidad razonable son artículos de verdadero lujo en una gran parte de los países subdesarrollados, por no hablar de un servicio técnico eficiente que pueda lidiar con el mantenimiento diario de los equipos.

En tercer y último lugar, está el problema de la financiación, estos equipos tienen un coste que en la gran mayoría de los casos es prohibitivo para las autoridades educativas de zonas desfavorecidas, dándose la paradoja de que mientras que en centros educativos de países desarrollados el e-learning está aún poco integrado en las aulas, existen puntos muy concretos en países subdesarrollados que pueden hacer pleno uso del mismo gracias principalmente a donaciones de organizaciones internacionales y programas de la Organización de las Naciones Unidas, siendo lamentablemente estos puntos e-learning casi algo anécdotico por su escaso número.

Siguiendo la senda marcada por Castells, es preciso reconocer que Internet es un fiel reflejo de la sociedad actual, con sus luces y sus sombras, por lo que no hay mejor lugar donde poder pulsar la realidad a la hora de valorar el efecto y utilidad que de el e-learning se puede esperar.

Freire promueve el comprender la educación como un acto político que amplie los horizontes del alumno más allá del yo presente y hasta alcanzar la perspectiva del nosotros futuro, desplazando una buena parte de la responsabilidad desde el docente hasta el alumno, máximo responsable de su propia vida y con ello de su formación intelectual, pues en la actualidad a veces parece como si existiese una visión totalmente indolente de la docencia, por parte del alumnado, que da la impresión de limitar su actividad como alumno a una mera receptividad pasiva de caracter borreguil, casi como si esperase que el docente le transmitiese su sabiduría mediante una mística imposición de sus manos.

Y es aquí donde más puede brillar el e-learning, ya que por su propia naturaleza requiere de una mayor implicación y actividad del alumno, quien en lugar de verse reducido a una desidiosa escucha pasiva comunal (como en los métodos tradicionales de aprendizaje) tiene que aislarse en un mundo abstracto y usar teclado y ratón para, valiéndose de su propia capacidad intelectual, exprimirse a si mismo al máximo en busca de ese aprendizaje.

Cabe concluir, pues, que el e-learning es indudablemente una herramienta docente de inmenso potencial, pero que hoy en día se encuentra en un período de adaptación a los vaivenes de la sociedad actual, que probablemente se ha visto superada por la evolución de las ciencias técnicas, tratándose de una necesidad de adaptación totalmente recíproca, pues existen algunas dudas acerca de la capacidad de la sociedad para hacer viable el e-learning. Una vez superados estos problemas de adaptación iniciales y en el momento en que la sociedad esté preparada para su asunción, es evidente que el e-learning se convertirá en la moderna base del antiguo arte de la docencia.



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