Desde los ya lejanos tiempos de la
Segunda Revolución Industrial se ha venido produciendo un avance en las
ciencias que, si bien fue lineal en sus orígenes, ha ido modificando su curva
de desarrollo hasta presentar un perfil de evolución claramente logarítmico,
que, aunque fuese en aplicación del animus jocandi, ya fue anticipado
por cierta famosa zarzuela (hoy las ciencias adelantan que es una barbaridad).
Esto en principio podría parecer un
elemento positivo que favoreciese y facilitase la aplicación de la pedagogía a
una mayor escala y con un mayor alcance de lo que ha tenido nunca, y, si bien
en términos generales ha sido así durante todo el siglo XX, cabría preguntarse
si esta evolución de los medios y las técnicas ha tenido su reflejo en una
evolución pareja de las sociedades humanas.
Las nuevas tecnologías, que ya se
aplican al e-learning con notable éxito en los países más desarrollados,
podrían poner al alcance de los más necesitados (tanto en países del tercer
mundo como en zonas marginales y grupos desfavorecidos de países
industrializados) el acceso a un aprendizaje de calidad que hoy en día resulta
inalcanzable en la gran mayoría de casos.
Sin embargo, en la mayoría de ocasiones
existe una brecha digital que dificulta enormemente el salto, que puede ser
amplísimo pues se pretende emplear el e-learning en poblaciones que no es que
sean digitalmente analfabetas, es que son analfabetas en todas las acepciones
del término, y hay que admitir que aún pese a las innumerables ventajas del
e-learning existen múltiples
inconvenientes que dificultan en gran medida su implementación en según que
zona.
En primer lugar, puede señalarse que al
igual que no tendría ningún sentido la publicación de un libro que pretendiese
enseñar las bases de la lectura, resulta inviable el pretender aplicar el
e-learning a poblaciones con poca o ninguna cultura digital, ya que el primer
paso para poder aprovechar el e-learning es proveer una adecuada
familiarización con las técnicas y artefactos modernos, y esto ha de hacerse
como paso previo a cualquier otro aprendizaje, por lo que supondría una especie
de "aprendizaje metafísico".
En segundo lugar, los requisitos en
cuestión de infraestructura que requiere una adecuada plataforma de e-learning
no existen en muchos de los lugares en los que más se necesitaría. Algo tan
simple como una toma de corriente eléctrica normalizada y acceso a internet a
una velocidad razonable son artículos de verdadero lujo en una gran parte de
los países subdesarrollados, por no hablar de un servicio técnico eficiente que
pueda lidiar con el mantenimiento diario de los equipos.
En tercer y último lugar, está el
problema de la financiación, estos equipos tienen un coste que en la gran
mayoría de los casos es prohibitivo para las autoridades educativas de zonas
desfavorecidas, dándose la paradoja de que mientras que en centros educativos
de países desarrollados el e-learning está aún poco integrado en las aulas,
existen puntos muy concretos en países subdesarrollados que pueden hacer pleno
uso del mismo gracias principalmente a donaciones de organizaciones
internacionales y programas de la Organización de las Naciones Unidas, siendo
lamentablemente estos puntos e-learning casi algo anécdotico por su escaso
número.
Siguiendo la senda marcada por Castells,
es preciso reconocer que Internet es un fiel reflejo de la sociedad actual, con
sus luces y sus sombras, por lo que no hay mejor lugar donde poder pulsar la
realidad a la hora de valorar el efecto y utilidad que de el e-learning se
puede esperar.
Freire promueve el comprender la educación como un acto político que amplie
los horizontes del alumno más allá del yo presente y hasta alcanzar la
perspectiva del nosotros futuro, desplazando una buena parte de la
responsabilidad desde el docente hasta el alumno, máximo responsable de su
propia vida y con ello de su formación intelectual, pues en la actualidad a
veces parece como si existiese una visión totalmente indolente de la docencia,
por parte del alumnado, que da la impresión de limitar su actividad como alumno
a una mera receptividad pasiva de caracter borreguil, casi como si esperase que
el docente le transmitiese su sabiduría mediante una mística imposición de sus
manos.
Y es aquí donde más puede brillar el
e-learning, ya que por su propia naturaleza requiere de una mayor implicación y
actividad del alumno, quien en lugar de verse reducido a una desidiosa escucha
pasiva comunal (como en los métodos tradicionales de aprendizaje) tiene que
aislarse en un mundo abstracto y usar teclado y ratón para, valiéndose de su
propia capacidad intelectual, exprimirse a si mismo al máximo en busca de ese
aprendizaje.
Cabe concluir, pues, que el e-learning
es indudablemente una herramienta docente de inmenso potencial, pero que hoy en
día se encuentra en un período de adaptación a los vaivenes de la sociedad
actual, que probablemente se ha visto superada por la evolución de las ciencias
técnicas, tratándose de una necesidad de adaptación totalmente recíproca, pues
existen algunas dudas acerca de la capacidad de la sociedad para hacer viable
el e-learning. Una vez superados estos problemas de adaptación iniciales y en
el momento en que la sociedad esté preparada para su asunción, es evidente que
el e-learning se convertirá en la moderna base del antiguo arte de la docencia.

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